Arvum et Litus

¡¡¡Hola a todos!!!

Mi primera colección ya está disponible oficialmente y se puede ver en la web. Aunque todavía no se pueden realizar envíos porque estoy esperando a que llegue el packaging, todos los productos están en la web, así que podes obtener más información sobre los materiales que he utilizado y su procedencia.

¿Qué puedo decir? Mi primer «bebé» que se presenta al mundo. Realmente consideré que esta era mi primera colección completa. Al principio no tenía muy claro cómo abordarlo: cuántas piezas iba a haber, qué colores, qué formas. Llevaba dos años tejiendo a ganchillo antes de tomarme en serio esta idea y este proyecto como mi futura carrera profesional. Así que… tenía muchas ganas de crear varios looks desde cero y diseñar yo misma los patrones. Al final hice muchas muestras, dos prototipos completos y ocho looks definitivos. Estoy taaaaaaan contento con los resultados y con cómo han quedado. Todos los detalles a continuación 😉

Todo empezó con unos paseos

La idea de Arvum et Litus surgió de los paseos. De muchos paseos. Recuerden, esto fue durante la pandemia… Tuve la suerte de tener el bosque a unos 100 metros de donde vivía entonces. En esos bosques se pueden ver antiguos senderos, muros… Hay un viñedo al otro lado que bordea con el antiguo Autódromo de Terramar (¡¡y es enorme!!). Me cruce con jabalíes un par de veces. Caminé por esos bosques un sinfín de veces con mi perro (que en paz descanse) en todas las estaciones y con cualquier tiempo. Desde días fríos y con muuuucha niebla en invierno hasta días calurosos donde te derretís en verano. Ah, se me olvidaba mencionar que es sobre todo un bosque de pinos lleno de romero silvestre y tomillo. Sí, huele increible.

Entonces, ¿de dónde salieron las ideas para la ropa? De cosas ante las que no podía dejar de detenerme a mirar. (sobre todo durante un paseo fumando un porro 😉), ya sabes, esa sensación que tenés cuando caminás y algo te llama la atención y dices “¡guau, ese rosa!“, o “¡qué textura!”, o “¿eso es un muro de piedra antiguo? “ o incluso “¡Un momento, ¿eso es un autódromo abandonado?! (No está abandonado, solo que hace mucho que no se usa)“. Ooooh, ¿mencioné que también hay vistas al mar desde el bosque? Cuanto más sabes 😉

Así fue como empezó a tomar forma la colección. Ocho piezas, cada una de las cuales lleva el nombre de algo ante lo que no podía dejar de detenerme a mirar.

Dibujo y colores

El proceso de diseño fue un vaivén entre los bocetos y el hilo. Dibujaba una silueta y, a continuación, el hilo la modificaba. O bien encontraba una combinación de colores y dejaba que fuera esa la que determinara la forma. Iban de la mano; en realidad, no se pueden separar.

Yo también tenía mucho que aprender. Arvum et Litus fue, en muchos sentidos, un proceso de aprendizaje disfrazado de colección. Aprendí por mi cuenta a tejer de arriba abajo, descubrí cómo hacer aumentos y disminuciones a base de prueba y error, aprendí sobre la tensión del hilo y sobre el «frogging» (que, para quien no conozca el mundo del ganchillo, es el término un poco dramático que se usa para referirse a deshacer la labor y empezar de cero. Deshice un montón, pero que un montón de verdad.

Bueno, vamos a hacer un pequeño repaso. El fin de semana del 5 y 6 de noviembre de 2022 asistí a mi primer Barcelona Knit Festival y lo pasé genial. Allí descubrí un montón de lanas locales, pastores, instalaciones de lavado y procesamiento, tintoreros e hilanderos. Voy a mencionar mucho a Wooldreamers (un poco de historia: se trata de una hilandería familiar de cuarta generación en Castilla-La Mancha, fundada por Ramón, que trabaja directamente con pequeños pastores españoles para transformar lanas locales como la manchega, la merina entrefino y otras en hilos impresionantes y trazables, todo ello dentro de España). También conocí a David y Jackson, que dirigen «El Robledal de la Santa», una pequeña granja en Cáceres, Extremadura, donde crían sus propias cabras de angora. Producen mohair español puro de su propio rebaño, totalmente trazable, hasta el animal concreto (un saludo a Miss Vanjie y Katya; sí, esos son sus nombres y son unas reinas). Por último, Eva y Kiara, las fundadoras de Lalanalú, un estudio de lanas y una comunidad en el barrio de Gràcia de Barcelona. Producen su propia línea de lanas íntegramente en España, sin mulesing, hiladas y teñidas localmente, con lana de la granja La Huertona, en León.

Tengo fotos de las muestras que hice. Cada pieza de esta colección comenzó como un pequeño cuadrado tejido, para comprobar el tacto del hilo, la densidad del tejido y cómo se comportaba el color bajo diferentes luces. Esas muestras constituyen un archivo en sí mismas.

Sesión de prueba


Las fotos que ves a la izquierda (arriba, para usuarios de móvil) son de una sesión de prueba en el balcón del piso en el que vivía con mi padre durante la pandemia. A la derecha (abajo, para usuarios de móvil), algunas imágenes del «detrás de las cámaras». La idea de esta prueba era decidir cómo iba a combinar los complementos. Probé con unos pantalones negros de cuero, una pollera larga blanca de algodón, una pollera roja de algodón de malla y una camisa blanca de algodón. Todas estas prendas las compré en la tienda de segunda mano Humana de Barcelona. Desde el principio decidí que cualquier cosa que utilizara para complementar mis prendas también tenía que ser sostenible. Por cierto, utilicé una tela de lino blanco como fondo que luego serví para hacer otra camisa :). Además, el sol daba justo como debía.

¿Conclusión? Me decidí por el blanco, así se ven mejor mis productos.

Aitona Recon

Durante el confinamiento, en una de mis sesiones de «doomscrolling», descubrí la comarca de Aitona, en Lleida. Inmediatamente la añadí a una lista de lugares que quería visitar en cuanto el mundo volviera a abrirse. Descubrí que los huertos frutales de allí florecen durante unas dos semanas en marzo, con flores rosas y, a veces, blancas que se extienden hasta donde alcanza la vista, contra un cielo azul y frío. Supe que ese era el telón de fondo que quería. Así que nosotros (mi familia y yo) fuimos a finales de febrero de 2023 a explorar la zona. Prestamos atención a los fondos, la iluminación y las composiciones, e intentamos adivinar un poco cuál sería el mejor lugar cuando los árboles estuvieran en plena floración. Una de las ideas era utilizar la pared exterior de una casa que tenía una rama de glicinia (ver foto a la izquierda, o más abajo para los usuarios de móvil). Daba a un gran campo. También había un pequeño río por el que pasamos; de nuevo, ese podría haber sido un lugar realmente lindo. Pasamos unas cinco horas explorando el terreno. Me encantaron todos los lugares que encontramos; ahora todo dependía de la madre naturaleza y esperar a que llegara la temporada de floración.

En el camino de vuelta pasamos por las carreteras de montaña y las vistas desde el mirador eran espectaculares.
¡¡Síííí, lo he conseguido!!

Día de rodaje, Rosa

El día del rodaje fue oficialmente el 19 de marzo de 2023. ¡Pero espera!!!! Flashback a unos días atrás, hasta hace dos semanas. No es joda, llamaba todos los días a la oficina de turismo de Aitona para preguntar si las flores habían empezado a florecer o no. Mientras tanto, estaba terminando las dos últimas piezas (que, por cierto, terminé el top Floris y los tirantes del Terra en el coche de camino allí), y preparando la cámara, las baterías, los looks de recambio, el micrófono para grabar el sonido ambiental (se escuchan tanto los insectos como los pájaros), los reflectores de luz, la comida y las bebidas.

El 16 de marzo les llamé y por fin me confirmaron que la temporada de floración había empezado y que solo teníamos dos semanas para hacerlo. Estaba taaaaaaan emocionado (y nervioso), pero fue uno de esos momentos en los que solo decis: “¡Vamos, vamos, vamos!”. .

Llega el gran día. Nos dirigimos a Aitona y, de verdad, no exagero cuando digo que es un mar de rosas. Hay un sinfín de hileras de rosas y un cielo azuuuuul.
Yo era el fotógrafo y mi prima, la modelo. Mamá y papá también me ayudaban con la iluminación. Hicimos la sesión en dos lugares. la primera, en una de las hileras de árboles, con mi prima como modelo; la segunda, en otra zona, donde utilizamos el maniquí (llamado Brunhilda). La sesión duró seis horas seguidas. Acabamos agotados después de esto.

Las fotos han quedado increíbles y estoy muy contento con el resultado.

Nombres

Para serte totalmente sincero, incluso después de hacer la sesión fotográfica y tener todas las fotos listas, seguía sin saber cómo llamar a la colección ni a los productos. Sabía que quería como máximo una palabra para los productos y algo corto para la colección.

Avancemos hasta marzo de 2026 y, tras muchas otras cosas en las que estuve trabajando (ya lo van a ver), por fin se me ocurrió la idea de los nombres. Fue tras una visita a una bodega cerca de Villafranca del Penedés cuando se me ocurrió la idea. Durante esa visita, el guía nos llevó a recorrer la finca para ver las diferentes variedades de uva. De camino a uno de los viñedos, hicimos una parada cerca del bosque siguiendo un antiguo camino y, tras caminar unos cinco minutos, el guía nos dijo que miráramos al suelo e intentáramos adivinar qué era esto (foto a la derecha, o más abajo si lo ves en el móvil). ¿Quieren adivinarlo? Antiguos hornos de cocción de ánforas de arcilla para vino que datan de la época romana. Si te fijás bien, todavía se pueden encontrar fragmentos de arcilla por esta zona. Así que me puse a pensar y me dije: «Sin duda, debería usar el latín para los nombres».

Y así comenzó el proceso de ponerles nombre: a cada pieza le puse el nombre de aquello en lo que me había inspirado, pero en latín. Por orden de creación, tenemos:
Signum (que indica el camino a seguir o que estás en el mal camino)
Herba (todas las hierbas silvestres que se encuentran en el bosque)
Viride (el bosque tras un aguacero, rebosante de vida)
Sol (creo que este se explica por sí solo)
Petra (piedra y líquenes que crecen sobre la piedra)
Mare (El mar)
Floris (Bougainvillea rosa en plena floración, sí, es muy rosa)
Terra (el propio suelo, ligeramente húmedo)
Y en cuanto al nombre de la colección, «Arvum et Litus», Campo y Costa Las tierras de cultivo —en este caso, Aitona— y, por otro lado, la costa de Sitges, donde vivo.

¿Y ahora qué?

Una vez más, estoy muy contento de que esta colección por fin haya salido a la web. Y espero que hayan disfrutado de este behind the scenes.
Para saber qué viene después, atentos, porque ya tengo lista la próxima colección y también tengo otro proyectos en curso.

Y con esto me despido. Disfrutad del pequeño adelanto que hay a continuación 😉

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